L O S   H I J O S   M E N D I G O S
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Se han dado cuenta que entre los niños hay una descarada obsesión hacia los abuelos?... (Más adelante, les digo porque).

En los últimos días leí unas estadísticas que me sorprendieron, aunque esto de ser sorprendido… no sé si es verdad o mentira.

Comentaban dichas estadísticas, “la baja tendencia de los padres a jugar con los hijos desde la iniciativa del adulto”. Es decir, que por ganas, ganas… el adulto hoy (un excesivo número, no todos parejo, claro está) prefiere omitir, antes de intervenir; a no ser  que, no le quede otro remedio más que claudicar ante el impertinente “insistir” de los hijos a recibir un poco de su tiempo.

Es curioso como nosotros los “grandes” estamos cada día más siendo presa de la contradicción de la mentira como parte de un estilos de estar con los nuestros, y así con una actitud tramposa poner los cimientos en la relación con los hijos apuntalando la construcción de su personalidad en trampas pequeñas o mentiras numerosas (que llamamos piadosas) que los menores “presienten “ como parte de una conducta extraña de la que no llegaran a tener conciencia clara hasta el despertar de su razonamiento en la pre adolescencia

La mentira es la comodidad de la educación.                                                                                            La verdad requiere tiempo… explicación, paciencia.                                                                           La mentira es la pereza de la verdad que se queda a mitad de camino porque fue asaltada por lo que no es cierto.

En el trasiego de nuestra “velocidad paterna diaria” hemos encontrado en lo falso justificación para el no compromiso... “no tengo tiempo, estoy cansado, no entiendo, en otro momento...” y zanjamos las obligaciones de la educación con una mentira tras otra.

Agusanados tras los teléfonos, los amigos o el alcohol, las series de TV o simplemente el sofá, el cansancio a la dureza de estar con los hijos ha venido a desnudar nuestra desvergonzada actitud como padres que ya no se puede esconder o justificar (porque ojos que ven corazón que siente) cuando sumamos tiempo al tiempo de memear, reírnos de la última idiotez visual de YouTube, engancharse al siguiente capítulo de la serie... ellos, los menores, lo ven, ellos los menores lo saben, ellos los menores lo perciben: el descarado fraude que el adulto hace de la mala administración del tiempo. León Battista Alberti, arquitecto, matemático, poeta y humanista, secretario personal de tres papas hace  seiscientos años: Eugenio IV, Nicolás V y Pio II, y que nada tenía de desocupado puesto que junto a Leonardo da Vinci fue la figura más importantes del Renacimiento italiano, amaba a sus hijos y les dedicaba tiempo como disciplina personal: “el mejor legado de unos padres a sus hijos es un poco de tiempo al día”.

De ahí la estadística. Un estudio interesante, deja como resultado que el 75% de los padres no juegan con sus hijos por iniciativa propia. Son los menores, “mendigos del tiempo y el afecto” los que arrebatan a los adultos las migajas de su presencia para reír y jugar, bromear y hacer travesuras, divertirse y tener aventuras.

Cuando escuchamos las respuestas del adulto ante preguntas de esta índole: educación -  tiempo, tiempo - ocio... reconocen sin escrúpulos que sí, que es cierto el regateo del tiempo padres – hijos y, la mayoría, hacen emotivo propósito de la enmienda; pero si damos un seguimiento a estas confesiones “descubrimos” que poco o casi nada modifican la actitud o los hábitos de vida respecto a la forma de comunicarse con los pequeños... es decir, vuelven a mentir... que es lo que el adulto mejor sabe hacer.

¿Qué porque los niños tienen obsesión hacia los abuelos...? Porque son la imagen de la verdad. La oferta gratuita del tiempo… ¡O no…! ¿Ud. Qué opina?

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