¿A QUE LE LLAMAS EL FIN DEL MUNDO? LA DESHONESTIDAD DE LA HONESTIDAD

Me decía la tía Elisa que le incomodaba en demasía la falsedad de la gente. Tía Elisa es tía de sus sobrinos, no de los míos. Sucede que son amigos entre ellos y a los adultos de ambas familia les llaman tíos, una forma cariñosa de ser gentiles, me gusta ese hábito.

 

Tía Eliza es maestra, ronda los cincuenta, es y siempre ha sido mujer de mucha enjundia y muy entrona, la hemos imaginado una heroína de la nueva historia. Aparte de culta, es pedagoga; aparte de pedagoga, es autodidacta, aparte de autodidacta, tiene visió… va más allá del tiempo.

 

            Comiendo con ella, hace días, me sorprendió con un tipo de enojo existencial que me descuadro un poco. No es típico de ella pero, o está muy harta de algo o confía demasiado en mí?

 

            Entre aperitivos para abrir boca… un poco de pate francés en pan tostado, con aceite de oliva y orégano, queso fundido, hígados de codorniz, y sorbitos de Rioja de diez años, me comentaba que empezaba a cansarle la doble vida de las personas. “Cada vez encuentro más falsedad a mi alrededor y eso me parece peligroso”.  Curiosamente me felicito por uno de mis últimos artículos: “el beso de Judas”.

 

            Quise menguar dicho pesimismo con un poco de distensión argumentando que la doble vida es una vanidad como primitivo es el sentir humano. Pero el adjetivo, “peligroso” sí me preocupo demasiado venido de una persona como ella.

 

            La doble vida, la doble moral es la manera de construir un futuro sobre arena. La aparición de una estirpe de dinosaurios racionales que, sin piedad alguna, devoraran a las criaturas inferiores, volviendo al caos primitivo de la ley del más fuerte, donde  la oportunidad de  un “mundo feliz” queda una vez más en el sueño fracasado de sus criaturas.

 

            Por una parte, la inteligencia, me decía la tía Eliza, nos esta llevado a descubrir con mucha emoción (no se con cuanta humildad) la estructura y el origen del universo en el que hoy nuestro mayor clamor debería de ser: “!que hemos hecho para merecer tal privilegio!”. Los científicos acaban de observar la fusión de estrellas de neutrones, y escuchar sus quejidos. La astrofísica da un vuelco total, estamos más cerca de saber por qué somos tan especiales. El universo nos regala, atónitos, ratificar, una y otra vez, esta lotería cósmica que nos ha tocado al ser una parte inaudita, privilegiada de ese todo. Pero al mismo tiempo, por otra parte, una actitud necia, torpe, infantil… ofensiva hacia ese “todo” que nos debería de estar empujando a la felicidad y la corresponsabilidad cósmica, nos adentra en la negligencia, depredación y burla que  extermina el “poco que somos” desapareciendo de la oportunidad del mucho al que se nos invita.

 

            Yo interparafraseaba con la tía Eliza sobre lo rudimentario de nuestros cálculos en comparación con los tiempos de la cosmos realidad que es, muy paciente, y se mide en eternidades, lo que augura mucho futuro para remediar cualquier torpeza.

 

Pero eso es pasar generaciones enteras sin ser conscientes de su responsabilidad y atropellar su existencia sin gloria alguna porque ya nacen fracasados, viven desterrados, y mueren inútiles… es demasiado triste. Puede que ese sea el destino de nuestro planeta “la oportunidad perdida” dentro de la cosmos realidad. ¿Habrá oportunidades similares a la nuestra, en el infinito? Si así fuere, no es bueno correr el beneficio de la duda de manera inferior. Y aquí estriba el “orgullo existencial” solo por la oportunidad de “ser” ya tendríamos que “contender” a concrear, no a desmerecer.

 

            Creo que los hígados de codorniz se me estaban atragantando y tuvimos que pedir una segunda botella de rioja, del mismo año, para no mezclar; aun no habíamos empezado a lo que formalmente se le llama comer… tanteábamos el paladar.

 

La conversación, o se nos fue de las manos, o habíamos entrado en una metafísica de concepto que nos hacía sentir  cómodos. Le pide a Eliza (ya no la llamare Tía Eliza) que saliéramos de nuestro overol existencialista y caminásemos desnudos por lo empedrado de una realidad cotidiana. ¿Qué es lo que estamos haciendo mal?... Pues eso, la doblez. La doblez de todo. La doblez oculta la naturalidad. Y ocultar la naturalidad es confundir la certeza y eso lleva al caos. Y ante evidencias de tal magnitud no se puede construir nada. ¿Y cuál es nuestra aportación al universo? Muy poca. Seremos virtualmente descartados por inútiles. Por traidores.

 

Traidores a la Noosfera, a la inteligencia a la que pertenecemos. El equidistante Pierre Teilhard de Chardin reclamaba al igual que Vladímir Vernadski, la dote de inteligencia que tenemos los seres vivos y el “derecho” que tenemos con el medio en que se nos permitió existir. Somos materia responsable, y como tal deberíamos comportarnos. Además contamos con toda una serie de herramientas (privilegios) que muchas realidades existentes no cuentan, como son las “obligadas” (por el hecho de existir) y las “afortunadas” (que surgen circunstancialmente)… sentidos, hábitos, oportunidades, valores, conciencia, creatividad… ¿Qué estrella, hoy por hoy, que núcleo, que neutrón, que átomo, tiene la capacidad emotiva, en sí mismo, de gozar de una kilonova: el juego amoroso de las estrellas… el cortejo, el idilio de todas las realidades cósmicas entre sí, unirse, separarse, pelear, amar. Solo nosotros, ¡pobres necios! alojados en el diamante de un anillo… pero vaciadores lentos de la bolsa de  supermercado viéndola arrugarse y pasto del desecho.

 

Eliza ¿Qué te incomoda? La oportunidad que tenemos y no queremos. El individualismo que se llama místico pero que destruye lo que toca. La persona dotada para liderar y convierte el oficio en tragedia. La desfachatez del juzgador. La avaricia del coaching. El que pinta la raya y la omite. El que escribe la norma y la burla. El que bendice con agua  y se baña en usura. El que explota el presente y no invierte en futuro. El de la doble moral. El equivocado porque no puede ser dos al mismo tiempo. El que nos está sacando de la fiesta. La omisión de ser generación siguiente y también feliz…  Eso me incomoda

 

Mesero. Nos sirve el postre, por favor. ¿Y el plato fuerte, señores?... nos lo acabamos de comer entre nosotros dos. Solo nos cabe endulzarnos las agruras existenciales. Ah muy bien. ¿Pastel de crema o chocolate? Eliza pidió crema, yo chocolate… la armonía en la diversidad.

 

Ella pago la cuenta. Para la próxima me toca a mí.

 

 

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