L A   P I E D R A   A N G U L A R

Siempre hay una “piedra angular en todo lo que hacemos”. Una primera (primarii lapidis) la cual se convierte en punto de partida y referencia de todas las demás. Y una segunda, la “cuña” o refuerzo para dar seguridad y belleza a la obra terminada.

A esta metáfora creo que no está nada mal hacerle un guiño al tiempo que se inicia la construcción de nuestro pedacito de siglo XXI dentro del 2018.

John Herschel, matemático ingles del siglo XIX decía que “el respeto hacia uno mismo era la piedra angular de toda virtud”

¡Canijo el amigo. Ah hijuela…! Aparte de sumar y restar, también sabia pensar y adentrarse en el escabroso tema de la “virtud”… que yo lo podría encajar en términos modernos como: “carácter” o “personalidad”… Eso que “nos puede definir” como “únicos”, no sé si como virtuosos, pero sí como encantadores… capaces de “encantar” y dejar huella.

Al año 2018, yo lo quiero llamar: “el año del carácter” porque será un tiempo de fuertes decisiones  sobre las que recaerá el desenlace de nuestro pueblo para los próximos seis años.

Los mexicanos hemos sufrimos durante siglos la enfermedad de “los agachados”… Unos pocos hacen lo que les da la gana sobre los muchos, porque esos muchos padecemos el habito de “los agachados” con mentalidad “feudal”… consentimos que el “patrón” haga lo que quiere con nosotros hasta lograr (por ejemplo) que el voto ciudadano sea producto “de su voluntad” no de nuestra libertad.

Nuestra piedra angular, como en toda estructura, es ese toque de autoridad que le da fuerza al resto de lo que somos, y, que nadie debe de poner en duda.

En un concierto del grupo Irlandés U2 en el Estadio del Real Madrid, al que asistí acompañado de un gran amigo sonorense, José Arturo Lizárraga, hoy vecino de la ciudad de Tijuana, escuche entre canción y canción, una frase de Bono, su solista, que me causó conmoción: “Ser uno, ser único es  cosa grande; pero luchar porque los otros respeten el derecho propio, es aún mucho más grande”.

Eso es ser “piedra angular”… a veces la que desechan los constructores, por  necios, por envidia, como dice la biblia (1 Pedro 2,7ss). Por eso, el gran celo de los constructores inteligentes de catedrales, colegiatas y abadías del siglo XIV y XV en buscar siempre “la mejor piedra” la piedra angular, y preservar los secretos de esa búsqueda para que su naciente arte gótico se viera como la hazaña más grandiosas de la sabiduría. Cada quien tenía su firma personal (este celo es el nacimiento del Colegio Masónico). Los que han visitados alguno de estos majestuosos edificios saben que La cruz latina que configura la mayoría de estos impresionantes templos cristianos culmina en una piedra angular que da seguridad a la fuerza del arco, la aguja, la cúpula.

La cruz en el suelo recuerda el esfuerzo y el carácter de los que perseveran por conseguir algo grande. Y la piedra, la cuña angular, permite que todo resulte seguro y se contemple grandioso… algo así como la resurrección del esfuerzo… ser uno mismo, no ser vencido.

No es fácil para el mexicano ser “piedra angular” de nosotros mismos… pero no imposible… y ese puede ser un gran reto a lo largo de todo el año 2018.

Nota: les recomiendo que lean el libro “los pilares de la tierra” de Ken Follett.

 

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