E L   P O D E R   D E   L O S   S U E G R O S

Me llega a la oficina una Sra. toda compungida. Quería cotejar conmigo si era o no correcta su toma de decisión frente a un hijo suyo. Me explica:  “Mi hijo X vive casado (con dos niños) en otra ciudad. Acostumbra a visitarnos con relativa frecuencia.  A mi esposo y a mí nos da mucho gusto la visita de los hijos ausentes. Traía maleta. Me sorprendió”.  Lo invite a desayunar. El desayuno se convirtió en el marco apropiado para sus explicaciones.  “Que ya estaba harto de su esposa. Que agarro una maleta. Que dio una patada a la puerta. Que se subió al carro (de la familia supongo). Que quemo gasolina y. Que se presenta en casa de sus padres. -¿Y a dónde vas a vivir, mijito -le pregunto-. –Pues aquí con Uds. -me responde-.  -! Ha nooo. La casa de tus padres no es el escondite apropiado para resolver tus problemas -le dije yo-. -¿Quieres decir -contesto el con ávida rapidez como si ya todo lo tuviese estudiado- Qué me estas  echando de casa? --¡Calmado muchacho, calmado -trato de ser sosegada y no caer en la trampa de su impulsividad- . –La casa de tus padres, también es vuestra casa, siempre está abierta para Uds. pero no como lugar para esconderse. No es el mejor sitio para que analices tus problemas y les busques solución. Necesitas estar solo, donde no tengas las cosas cómodas, ni la influencia de nadie; donde puedas valorar lo que quieres perder y dejar atrás. Solo así entenderá si merece la pena o no luchar por tu matrimonio. -¡Está bien, está bien me voy, me voy de la casa porque también de aquí me hecha… si lo sé no vengo, ya no voy a volver más por aquí…! -Gritos, subidas de tono, frases al aire poco educadas. De nuevo maleta en camino. De nuevo una patada en la puerta. De nuevo subirse al carro -sabe dios a donde-. De nuevo quemar gasolina-.

Según un estudio de la Facultad de Sociología de la UNAM realizado entre   febrero y mayo del 2018, el 62,4% de los fracasos de pareja, en México, están ocasionados por la conducta de los suegros. Es decir “cómo solapan los padres, la inmadurez de los hijos”.

·        En primer lugar, un 86% de los padres permiten que sus hijos traigan a su casa, a vivir con ellos, la muchacha o el muchacho con el que están noviando; robada o consentida-o

·        Un 73.6% declaran admitir que sus hijos casados, vivan con ellos

·        Un 81.3% manifiesta que reciben en la casa a los hijos, siempre que ellos tienen problemas de pareja, abandonan su hogar y se refugian con sus padres.

·        Un 68% confiesan aceptar calladamente las decisiones de sus hijos en las que comprometen, sin consultarlo, la casa de sus padres.

El estudio analiza y concluye que esa facilidad “solapada” de consentir y callar todas las libertades de los hijos en cuanto a sus decisiones de tener pareja, robar pareja, meter la pareja en la casa de los padres, refugiarse en la casa paterna, etc… influye para que un porcentaje muy grande de los adolescentes y jóvenes mexicanos de ambos sexos, no maduren como persona  y no valoren lo complejo que es vivir con alguien o hacer una familia.

Si los suegros, los cuatro adultos por igual (si falla una pareja de suegros, todo falla) tanto los padres de él, como los padres de ella, no fueran condescendientes, y se mostraran fuertes de carácter, sus hijos actuarían de manera más positiva al verse solos y sin medios a su favor; se darían cuenta de lo difícil que es hacer, a la ligera, un proyecto de vida, robarse a una muchacha o irse con un muchacho. Son los padres de ambos, los adultos, los que en México, especialmente en el ciudadano medio y bajo, los que adulan y solapan más a los hijos consintiendo todas sus repentinas calenturas que, en su mayoría, terminan en fracaso.

De la historia del principio (que es verídica) les digo: Han pasado 14 meses de la patada en la puerta. La pareja se divorció en sana paz. El muchacho vivió solo, durante medio año, en un sencillo departamento. Maduro totalmente. Hoy vive con sus padres, pero no en una actitud de refugiado, si no de hijo “soltero”… Aprendió muy bien la lección de su madre, la suegra de su esposa.

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