T R E S   M I N U T O S   D E   E S P O S A

La novia estaba preciosa, deslumbrante. El novio galán, altanero como un pavo real. El juez escucho el sí correspondiente a ambos candidatos y formalizo según la ley que le autoriza, un matrimonio legal… “ya son marido y mujer” les dijo.

Pero, sucedió luego, en el mismo recinto donde todo se llevaría a cabo: compromiso civil, agasajo familiar y fiesta nupcial. Apenas habían pasado tres minutos del primero de los tres grandes momentos para la pareja en ese día cuando ella, en el cortejo de salida hacia el jardín donde esperaba la mayoría de la concurrencia, tropezó accidentalmente, pisando mal su flamante vestido blanco, provocando una aparatosa situación de caída al suelo.

Todo estaba saliendo perfecto, impecable hasta la lamentable exclamación del que ya, era, su oficial esposo: “!Eres una estúpida por qué no tienes más cuidado!”… dejando paralizadas a más de una y, provocando las risas de más de uno.

Ella, una vez que logro reaccionar, tomar la compostura de su equilibrio y valorar en decimas de segundos lo que había sucedido, tomo, sin dudarlo un instante, la decisión más importante de su vida: soltarse del hombre al que estaba agarrada, darse media vuelta por el mismo pasillo que la llevaba a la celebración y la fiesta, dirigirse de nuevo hacia el juez, que apenas se estaba desvistiendo de sus atuendos oficiales, y pedirle, en ese mismo instante, que anulase de inmediato el matrimonio que acababa de realizar apenas pasados tres minutos.

Estamos viviendo un momento social, histórico, donde el grito de la mujer adquiere la resonancia de un eco multiplicador que comienza a ser escuchado con atención y respeto. Sin embargo, y a pesar de todo, siento yo, la mujer no termina de identificarse con su rol de poder y autoridad que le arroga el ser persona, así, sin más, sin necesidad de otros apelativos de genero para reivindicar su respeto y su derecho. Y no basta, con la rebeldía de mujeres, individuales, en culturas subdesarrolladas, o con el movimiento #Me Too de las actrices a nivel mundial, o con el trabajo de denuncia, llevado a la ONU por la periodista y activista mexicana Lydia Cacho Ribeiro, o la huelga de mujeres de 24 horas hada 8 de marzo. Se trata de que desde la mujer más humilde en el rincón más escondido del mundo, hasta la mujer más despierta y solvente de la tierra, digan “basta” y hagan permear por todos los medios el derecho a ser respetadas con la dignidad psicológica y de trato que se merecen. “Basta” hasta que ninguna de ellas dude de su dignidad y sea respetada y creída por la sociedad en general.

Me visita una joven, la víspera de su boda, con el fin de hablar conmigo y recibir la bendición para que todo le vaya bien. Pero, lo que me cuenta me sorprende y me deja perplejo. Me pide consejo sobre como tener paciencia con el que será, en horas, su futuro esposo. Me expone situaciones de violencia difíciles de sospechar las provoque alguien que vive en periodo de conquista y cortejo. Se reacomoda su blusa y, me enseña sus hombros y parte de la espalda. ¡No puedo creer lo que veo! “Esto me lo hizo mi novio hace dos días”, me comento. Poco a nada le podía contestar yo para hacerla entender lo que ella ya sabía. Solo pude decirle: “Mañana no te presentes a la boda”.

Al día siguiente estaba puntual en el altar.

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