L A   D I S T A N C I A   I N T E L I G E N T E                                                                                                                                

No está mal y hasta resulta interesante la “relación atropellada” que tenemos ahora unos con otros. Quiero decir, esa abundancia de contacto, colaboraciones, juegos, compromisos, salidas, encuentros, convivencias, apoyos, afectividades, equipo, solidaridad… el ambiente, la cultura y el medio facilitan el que haya mucha más relación entre las personas y que todo sea menos drástico y frio… padres e hijos, maestros y alumnos, trabajadores y directivos, camaradas y amigos.

         A pesar de todo, la “sana distancia” siempre ha sido una medida inteligente para no “abusar” de las cercanías y no ser demasiado “seductores” o “posesivos” con los individuos o las cosas; hoy se sugiere no el “ahogamiento” del otro sino su sano y libre desarrollo. El excelente avance del medio en el que nos movemos ha permito que ya desde muy pequeño el individuo comience a mostrar actitudes de personalidad propias y eso esta bien; quienes se encargan de ayudarle a crecer, solo necesitan del “olfato” idóneo para saber leer y conducir las múltiples facetas que afloran en la vida de las personas, llámese gustos, talentos, vocación, inclinaciones… estar, sí, pendiente del otro, pero sin restringirlo.

         Siempre me llamó la atención la historia del “puercoespin” estos mamíferos herbívoros, roedores, revestidos de largas y fuertes púas: “Sucede que en tiempo de invierno suelen reunirse en las madrigueras y juntarse pegaditos unos con otros para no tener frio gracias al contacto mutuo, pero, resultaba que tanta cercanía, les provocaba demasiado sufrimiento ya que se hacían daño a causa de sus largas púas, entonces, poco a poco fueron aprendiendo a considerar su adecuada distancia, la distancia suficiente entre ellos para darse calor y no hacerse daño”.

         Creo que seria una buena aventura aprender la inteligente lección de estos animales de costumbres nocturnas y que no suelen ser muy amigueros de las bajas temperaturas, “aprender a guardar siempre la sana distancia entre unos y otros”. Estar cerca, pendiente, al lado de… lo suficiente, para ayudarlo a construirse, sin hacerle daño. Quizás que no sea fácil, pero si interesante: aprender a acompañar y dejarse ser acompañado.

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